Mary Riggin:
Una inventora que revolucionó la seguridad ferroviaria
En el siglo XIX los ferrocarriles eran el principal medio de transporte de mercancías y pasajeros y los pasos a nivel eran trampas mortales, sin barreras automáticas y vigilados apenas por algún operario con bandera roja, y solo en cruces muy concurridos.
Tras presenciar un trágico accidente ferroviario en Newark, Nueva Jersey, Mary Riggin patentó en 1890 la "puerta automática para ferrocarril" (US419612A).
El mecanismo se activaba mediante el propio tren al pasar sobre un punto concreto de la vía, accionando un sistema hidráulico o de contrapesos que movía las barreras. Gracias a este invento, las barreras podían subir y bajar automáticamente sin intervención humana, convirtiéndose en un antecedente directo de los sistemas actuales presentes en los pasos a nivel de todo el mundo. De este modo se reducían los errores humanos y la necesidad de mantener guardas permanentes en cada cruce. La automatización del cierre ayudó a evitar colisiones entre trenes, vehículos y peatones.
Que una mujer presentara y obtuviera una patente industrial en ese entorno era excepcional.
Mary Riggin rompió estereotipos de género demostrando que una mujer podía innovar en un campo técnico dominado por hombres, sin formación académica conocida. Su legado sigue vivo a día de hoy cada vez que unas barreras bajan acompañadas de luces rojas y campanas.
Sin embargo, apenas sabemos nada de Mary. No se conservan retratos confirmados, ni su fecha de nacimiento o muerte, ni su ocupación habitual. Incluso su nombre es dudoso, en internet circula a menudo como "Mary Riggs" pero la patente original dice claramente Mary Riggin.
Más allá de la patente, todo lo demás permanece en silencio.
Ese silencio, precisamente, es lo que queremos romper con "Ferroviarias con A": rescatar a quienes la historia oficial dejó atrás.