La implantación del abono único supone una nueva apuesta por el transporte público en nuestro país.

Una medida que se equipara con algunos países europeos, como Alemania, y que a priori parece ser positiva pues supone el fomento y la regularización del precio de los trenes de cercanías y media distancias que usa la mayoría de la población para desplazarse.

Sin embargo, nos parece necesario tener una actitud crítica por dos motivos.