El pasado 13 de julio Renfe reinició el servicio internacional de alta velocidad con Francia, hecho que la empresa calificó en la prensa como un “avance histórico”. En realidad, la idílica historia de la expansión de Renfe más allá de los Pirineos no ha sido más que un conjunto de despropósitos con sus trabajador@s, y muy especialmente con el colectivo de intervención.

Para empezar, en febrero de 2022, por parte de la empresa, NADIE comunicó directamente a las personas trabajadoras la ruptura y disolución por parte de SNCF de la sociedad Elipsos, a través de la cual se explotaban conjuntamente los trenes a París, Lyon y Marsella. El personal que operaba en este servicio pasó pues a vivir en un limbo que prácticamente se extiende hasta el día de hoy, todo fruto de un camino lleno de decisiones improvisadas y con promesas que, desde la propia gerencia, sabían que eran falsas o eran irrealizables. Sin ir más lejos, desde las primeras reuniones se insistió en que el servicio continuaría igual en diciembre de 2022, y ya vemos que el error de cálculo ha sido de tan sólo 7 meses.

Este nuevo reto sin duda entraña una especial complejidad, pero también una necesaria y ansiada adecuación en las condiciones de trabajo del siempre ninguneado personal de intervención, cuyo marco sufre modificaciones sustanciales en el ámbito territorial francés con respecto a la legislación nacional. Las funciones y responsabilidades en territorio galo convierten al personal de intervención en figura ESENCIAL para el servicio, algo de lo que Renfe parece no querer enterarse viendo el trato que ha dado al colectivo: formaciones “autodidactas” consistentes en bombardeo de documentos kilométricos al correo corporativo, comparación de la habilitación TES-G indispensable en Francia con la figura de auxiliar de cabina (como un huevo a una castaña), tanteo de la posibilidad de que una única persona interventora realice el servicio (durante la cooperación siempre existieron 2 interventor@s por tren) o incluso, para rematar, que Renfe únicamente cubriría 300€ por gastos sanitarios en territorio francés, donde existe un sistema de copago.

Pues bien, en la negociación de estas condiciones las organizaciones sindicales nos hemos visto inmersas en un partido de tenis digno del Alcaraz - Djokovic, con la dirección de Madrid y la gerencia internacional pasándose la pelota hasta el día de hoy. Todo diálogo se remitía a la Mesa Técnica de Comercial, sita en Madrid, donde únicamente figuran las organizaciones firmantes del Convenio y donde tiene mayoría un sindicato gremialista especialista en arrojarse la representación única del colectivo de conducción (y de lo que haga falta). Formalidades que precisamente no fueron tan necesarias para acordar las condiciones de l@s compañer@s maquinistas con dicha organización, a espaldas del resto y de CGT, que cuenta también con afiliad@s que prestan servicio en la residencia de Barcelona Internacionales.

Ante este escenario de pasividad al que se suman UGT y CCOO, pendientes también del ritmo que les marquen los demás y parece ser que satisfechos con que las decisiones se tomen fuera del ámbito de la residencia e incluso fuera de cualquier mesa, en algún pasillo de Madrid, l@s trabajador@s han decidido pasar a la acción y CGT, junto con SF-Intersindical y Alferro, convocan conjuntamente huelga indefinida todos los viernes a partir del 4 de agosto.

ANTE SU INACCIÓN, MOVILIZACIÓN.
POR UNAS CONDICIONES DE TRABAJO DIGNAS EN EL SERVICIO INTERNACIONAL