Las semanas pasan y la dirección de ADIF sigue negándose a negociar la regulación del teletrabajo. Durante los meses de confinamiento, entre marzo y junio, la dirección se aprovechó del compromiso de los trabajadores de oficinas, que fuimos capaces de sobreponernos a la mala gestión y falta de previsión de la dirección para sacar el trabajo y la empresa pública adelante, incluso con nuestros propios medios en algunos casos.

Una vez iniciada la nueva normalidad en junio, la dirección de ADIF ordenó la vuelta parcial al trabajo presencial en oficinas, sin criterios objetivos, según las preferencias de cada subdirector o gerente. Con esta decisión, más propia de una empresa-cortijo que de una empresa pública, la dirección generó riesgos de contagio innecesarios, porque el trabajo se puede seguir realizando en modalidad de teletrabajo. Esa fue la peculiar forma de la dirección de reconocer el esfuerzo de la plantilla durante el confinamiento.

Durante todo este tiempo, la dirección de ADIF ha rechazado las propuestas de CGT y del resto de sindicatos de clase para regular las condiciones del teletrabajo de la plantilla, con criterios objetivos y transparente y con derechos y obligaciones. La regulación es necesaria para los trabajadores porque solo por medio de la regulación se pueden prevenir los riesgos que genera el teletrabajo, como son el aislamiento o el engancharse al móvil o al ordenador más allá de la jornada, haciendo imposible la desconexión digital.

En el caso de que sean necesarios nuevos periodos de confinamiento, los trabajadores de ADIF nos encontramos en la misma situación que el pasado mes de marzo. La dirección sigue sin querer negociar el teletrabajo y sigue apostando por su estrategia neoliberal de desregular las condiciones de trabajo en oficinas, al igual que en otras áreas de la empresa.
La dirección quiere que estemos disponibles a todas horas, que prolonguemos nuestra jornada a voluntad de cada jefe y que pongamos nuestros propios medios para trabajar desde casa.

Todas estas medidas suponen una amenaza para la salud de los trabajadores. Estas medidas no contribuyen a dar un mejor servicio público sino que generan desmotivación en la plantilla y muestran una vez más, la incapacidad de la dirección para organizar el trabajo en función de objetivos y no en función de criterios absurdos como el presentismo. Después de gastarse tantos en cursos de gestión para la alta dirección, en ADIF se mantiene una forma de dirigir del siglo pasado.

Así no podemos seguir. Los trabajadores de oficinas, junto con nuestros compañeros del resto de la empresa, tenemos que hacernos respetar. No podemos permitir que nos traten así. Si la dirección insiste en la desregulación laboral y en el desprecio a nuestro trabajo, tendremos que comenzar a presionar, poco a poco, pero de forma continua, hasta que la dirección de ADIF acepte de una vez negociar la regulación del teletrabajo.